Palatino

En el Monte Palatino se conservan los restos de los asentamientos de la Edad de Hierro referidos al núcleo más antiguo de la ciudad de Roma. La colina albergó importantes cultos cívicos, entre ellos el de la Magna Mater (Cibeles) y, entre los siglos II y I a.C., se convirtió en el barrio residencial de la aristocracia romana, con elegantes casas caracterizadas por excepcionales decoraciones pictóricas y pavimentales, como las que se conservan en la Casa de los Grifos. Augusto eligió simbólicamente la colina como un lugar de su propia casa, la cual estaba conformada por varios edificios, entre ellos la Casa de Livia. Posteriormente la colina se convirtió en la sede de los palacios imperiales: la Domus Tiberiana, la Domus Transitoria, la Domus Aurea y finalmente la Domus Flavia, compuesta por una estructura pública y una privada, conocida como Domus Augustana. A partir de la compleja planimetría, parcialmente superpuesta, se pueden observar los corredores subterráneos que conectaban las distintas residencias, a menudo ricamente decorados, de los que el Criptopórtico de Nerón sigue siendo uno de los ejemplos mejor conservados. La presencia de palacios imperiales en la colina dio lugar a un proceso de identificación, de modo que el topónimo Palatium se convirtió, en los idiomas modernos, en un sinónimo de edificio residencial. (leer todo)