Itinerarios

Medicina XXXIII

 

El Foro Romano conserva los huellas de lo que un tiempo fue el barrio médico de la ciudad. La vocación de esta área a la práctica del ars medica ha sobrevivido hasta nuestros días, a través de una superposición entre cultos de época romana y prácticas de época moderna que ha dado como fruto transformaciones y relecturas capaces de unificar las áreas arquitectónicas y religiosas a lo largo de los siglos.

 

 

FEBRIS, LA DIOSA CRUEL Y SANADORA, Y SANTA FRANCESCA ROMANA, LA SANTA QUE CURABA A LOS ENFERMOS

En el monte Palatino hubo un antiguo templo dedicado a la diosa Febris. Su culto, amenazador y salvífico al mismo tiempo, era venerado profundamente por los romanos. Diosa de la fiebre y la enfermedad, Febris era adorada como “portadora de muerte”, pero también como “purificadora y salvadora” contra las epidemias y la malaria que infectaba los campos alrededor de la ciudad. Era venerada durante los Lupercalia, antigua fiesta celebrada del 13 al 15 de Februarius. Su culto alcanzaba el clímax el 14 del mes, día que con la llegada del cristianismo será consagrado primero a Santa Febronia y más tarde a San Valentín, por ser el patrón de la febris amoris.

En el área en la que quizás surgía la aedes Febris, en la actualidad hay otro edificio de culto, bien visible y majestuoso: la iglesia de Santa Francesca Romana, que desde el 9 de Marzo de 1440 custodia la tumba de la santa homónima. Francesca Bussi de’ Leoni fue una aristócrata que puso su visa al servicio de los pobres. Durante la peste que azotó Roma en los primeros años del siglo XV y que le arrebató a sus dos jóvenes hijos, abrió su palacio a los enfermos poniendo en peligro su vida para curarlos. Por ello, es considerada la protectora contra la peste. El 9 de marzo de 2020, con el área de nuestro PArCo recién clausurada por la emergencia sanitaria en Italia y el resto del mundo, las campanas de la iglesia celebraban la fiesta de la santa, regalando en este momento tan particular un signo de esperanza.

 

GALENO, MÉDICO – ESTRELLA DE LA ROMA IMPERIAL

Entre los personajes que frecuentaron el Foro Romano destaca Galeno de Pérgamo, uno de los médicos más famosos de la antigüedad, considerado el fundador del método experimental de la medicina. Nació en el 129 d. C., versado en muchos temas y, en especial, en filosofía aristotélica, Galeno alcanzó la fama en poco tiempo tras su llegada a Roma, hasta tal punto que fue nombrado médico personal de los emperadores Marco Aurelio, Lucio Vero, Cómodo y Septimio Severo. Además de celebrar conferencias ante un gran número de personas y de practicar la cirugía “en directo” ante el público, Galeno escribió obras dedicadas a temas específicos de la medicina, como la anatomía y la fisiología, el pronóstico, la diagnosis y la terapia, así como la farmacología y la dietética.

Conservaba sus obras en un “estudio” ubicado en la zona de los Horrea Piperataria, los almacenes de especias, hallados recientemente bajo la basílica de Majencio. La posición, aunque fuera prestigiosa y en el centro del barrio médico de Roma, no le evitó ciertos inconvenientes. En uno de sus escritos, Galeno se queja por la pérdida de todos los manuscritos y los equipos de trabajo en un desastroso incendio que estalló en el foro en el 192 d. C. y que destruyó los Horrea y el cercano Foro de la Paz.

 

COSME Y DAMIÁN, LOS HERMANOS “TAUMATURGOS”

La basílica de los Santos Cosme y Damián es la más antigua de las iglesias que se asoman al Foro Romano. Fue consagrada por el papa Félix IV en el 526 d. C. en un aula del antiguo Templo de la Paz y dedicada a los dos hermanos mártires. Cosme y Damián fueron dos médicos romanos, nacidos en Oriente, quizás en Siria o Arabia, que ofrecían sus servicios sin pedir nada a cambio. Por su generosidad, poco común en la época, fueron llamados “anargyroi”, los santos sin dinero, “no mercenarios”. En el 303 d. C., fueron arrestados durante la persecución del emperador Diocleciano, pero su santidad era tan grande que ninguno de los métodos utilizados por sus perseguidores lograba matarlos. Resultaron ilesos tras ser azotados y lapidados, sobrevivieron tras ser arrojados al mar atados a una roca y, por último, el fuego de la hoguera que debería haberlos quemado se volvió contra sus torturadores. Solo la espada con la que fueron decapitados logró poner fin a sus vidas. Desde entonces los “santos taumaturgos” son venerados por el mundo cristiano e invocados como protectores de los médicos y los farmacéuticos.

 

LA CONGREGACIÓN DE LOS FARMACÉUTICOS EN SAN LORENZO EN MIRANDA: EL MINISTERIO DE LA SALUD DE LA ROMA DEL RENACIMIENTO

Además de la protectora contra la peste, Santa Francesca Romana, y los hermanos “taumaturgos”, Cosme y Damián, en el Foro Romano vigila desde arriba la Congregación de los Farmacéuticos, la antigua Universitas Aromatariorium. En 1429, el papa Martín V les confió la Colegiata de San Lorenzo en Miranda, de la que se tienen noticias ya en el siglo XI y construida en el templo de Antonino y Faustina. En aquella época, la Corporación de los Farmacéuticos tenía poderes y funciones similares a los del Ministerio de Sanidad, de un orden profesional y de una universidad, y disfrutaba de notables influencias y riquezas, a la altura de la grandeza con la que en 1602 fue reedificada la iglesia y decorada por pintores tan famosos como Pietro da Cortona y Domenichino. Fue dedicada a San Lorenzo degli Speziali en Campo Vaccino, para subrayar también con el nombre la unión con los farmacéuticos –conocidos en la época como boticarios– y con el lugar donde surgía, el Foro Romano que por aquel entonces se utilizaba como zona de pasto tras siglos de abandono. La fotografía muestra el templo convertido en iglesia. La altura de la puerta, mucho más alta que el pavimento de la Vía Sacra, atestigua cuál era el nivel de la calzada en el Foro Romano antes de las excavaciones del siglo XIX. En la actualidad, el conjunto es la sede del Nobile Collegio Chimico Farmaceutico – Universitas Aromatariorum, que mantiene funciones académicas y sociales y en cuya biblioteca se conservan una colección de arte farmacéutica y un archivo con recetas firmadas incluso por Rafael Sanzio.

 

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JUTURNA, LA NINFA QUE QUERÍA MORIR

En el Foro Romano, hay una fuente de agua relacionada con el culto de la salud. La lacus Iuturnae, dedicado a la ninfa Juturna, divinidad de las fuentes y los manantiales venerada cerca de ellos. A esta agua se le atribuían propiedades curativas y purificadoras y sabemos que alrededor de la fuente existían locales en los que los enfermos se detenían para beberla o disfrutar, incluso solo por su cercanía, de las propiedades benéficas antes de lanzar al manantial monedas u otros objetos como ofrendas. Pero Juturna, ninfa inmortal y sanadora, deseaba compartir el destino de los hombres y morir junto con su amado hermano Turno, rey de los rútulos, a quien Eneas dio muerte. Virgilio, en el último libro de la Eneida, nos cuenta su drama y su lamento contra el destino y contra Zeus que le donó la inmortalidad:

Virgilio, Eneida, libro XII
versión de la Eneida, Editorial del Carro, Biblioteca Virtual Universal

¿Cómo puede ahora,
Turno, ayudarte tu hermana? ¿Qué me queda,
pobre de mí? […] ¿Para qué
me dio una vida eterna? ¿Por qué
de la muerte me quitó la condición? ¡Podría acabar
con penas tan grandes ahora mismo, y
acompañar a mi pobre hermano entre las sombras!
¿Yo, inmortal? ¿Podría haber algo dulce para mí
sin ti, hermano mío? ¡Hay! ¿Qué profundo abismo
lo suficiente se me abrirá para llevar
una diosa junto a los Manes profundos?». Sólo esto dijo y se tapó
la cabeza con su manto glauco
entre muchos gemidos, y se ocultó la diosa en el fondo del río.